Una de las críticas más comunes al libre mercado es su absoluta falta de valores y principios de carácter moral. Stephen Grabill publica en el Acton Institute un artículo titulado: The Market, School of Virtue , argumentando los motivos por los que considera a la economía de mercado el sistema más adecuado para que se desarrollen virtudes como: La confianza, el autocontrol, la simpatía y la justicia.
No estamos acostumbrados a pensar en la economía de mercado como una escuela práctica de virtudes. La mayoría de las personas guarda ese título para instituciones como la familia, la iglesia, o la misma escuela. En realidad, muchos van más allá de esto e insisten en que el mercado es la causa de un gran monto de las fallas morales personales.
En contraste, estoy sugiriendo que muchos de los rasgos personales que llamamos virtudes prácticas son recompensadas por una economía de mercado.Como resultado, la actividad de mercado puede realmente inculcar valores y hábitos morales que nos hacen mejores ciudadanos, colegas, empleados y empleadores. Entonces, lejos de socavar la moralidad, los mercados refuerzan los rasgos de carácter que robustecen el cimiento de una economía de mercado y gradualmente producen una cultura moral que restringe los más atroces efectos colaterales del pecado.