Hace pocos meses Londres, Liverpool, Manchester y otras ciudades de Inglaterra fueron objeto de una serie de actos vandálicos de extraordinaria violencia y muchos me preguntaron sobre las causas que los habían provocado.
Algunos apuntaban a una rebelión de adolescentes marginales desencantados con su precaria situación económica, social y laboral; pero a los pocos días conocimos que entre los detenidos por pillajes y saqueos había: universitarias de alta alcurnia, hijas de multimillonarios e incluso atletas olímpicos.
Otros, interrogaban con cierta preocupación por mi integridad sobre si la creación de guetos de inmigrantes había favorecido el estallido de la violencia; a las pocas semanas supimos que gran parte de los detenidos tenían nacionalidad inglesa y que entre los comercios afectados por los saqueos la mayoría eran propiedad de comerciantes indios o paquistaníes.
Reflexioné y concluí que el motivo principal que desencadenó esa oleada de violencia por todo el país fue simple y llanamente diversión.
Ni el Estado de Bienestar, ni la interminable lista de benefits que ofrecen los servicios sociales y ni tan siquiera las redes sociales fueron los causantes de aquella semana de revueltas; única y exclusivamente diversión.
Pero ¿qué grado de diversión puede provocar arruinar la vida a un pequeño comerciante?¿qué satisfacción produce causar destrozos por valor de millones de libras en mobiliario urbano? Recuerdo como durante aquellos días se abrió el debate sobre el uso de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad y observé perplejo como tras muchísimas deliberaciones se aprobó el usó de pelotas de goma y agua a presión bajo unas estrictas condiciones.
La causa de toda aquella violencia fue la diversión pero vino provocada por una sensación de impunidad derivada de la inacción de la policía para cumplir con sus obligaciones.
¿Qué sentido tiene pagar por tener una policía que no defiende nuestra vida ni nuestras propiedades? y ¿por qué si decidimos actuar por nosotros mismos tomando la iniciativa podemos acabar sentados en el banquillo de un juzgado?
Ante el temor de que su negocio fuera arrasado, un comerciante de origen indio declaraba ante la BBC que dormiría dentro de su negocio y que respondería de forma contundente si alguien intentaba asaltarlo; el periodista preguntó qué tenía pensado hacer, el comerciante indio respondió – he trabajado muy duro para abrir este negocio y es el futuro de mis hijos, si me lo quitan me quitan la vida, haré todo lo necesario para defenderlo – y concluía – ¿dónde está la policía? -
Robur
Te lo dice uno que estaba en Woolwich la noche de marras, la policía apareció realmente tarde y lo único que hacia era retroceder muy ordenadamente.
No se si todos actuaron por diversión o no, lo que es innegable es que la policía no aparecía, y si lo hacia era un solo coche con un par de agentes por cada 100 niñatos.