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Domando al Leviatán

Los amigos de la Fundación Civismo han traducido al español una recomendable serie de estudios sobre el tamaño del Estado elaborados por la revista The Economist. A continuación reproducimos el primero de diez puntos, disponibles en su totalidad haciendo click aquí.

La relación entre el gobierno y la sociedad civil debería ser de colaboración. El Estado debe crear el entorno adecuado para que las empresas y organizaciones benéficas tomen las riendas de lo que hasta ahora se encargaba el gobierno. “La conclusión es que estamos pasando de un Estado grande a uno pequeño y de una sociedad pequeña a una grande”, afirma John Micklethwait.

Ma Homg ganó el año pasado el premio nacional de innovación gubernamental al intentar que más ONGs se encarguen de servicios como educación, sanidad o bienestar en la ciudad de Shenzhen (China). El dragón asiático siguió el ejemplo de Singapur y Hong Kong, donde el 90% de los servicios sociales los realizan las ONGs y son pagados por el Estado.

¿Para qué sirve el Estado?

Es muy probable que el debate sobre el futuro del Estado esté en la agenda política de la próxima década. ¿Cómo puede un gobierno ser más eficiente? ¿Cuáles son las competencias del Estado? ¿Qué es lo que debería hacer y qué no debería?

Hasta ahora el Estado ha ido muy por detrás del sector privado, pero para reducir esa distancia no se trata solo de mejorar la productividad sino también de respetar un principio liberal: demasiadas veces una institución que supuestamente tiene que estar al servicio de la sociedad se ha convertido en su dueño.

No obstante no es una tarea fácil: los intereses que se oponen a dicho cambio son muy grandes. Habrá que trabajar duro para mantener el tamaño del Estado a su nivel actual y no aumentarlo.

El Estado siempre ha tenido la tendencia de engordar

En 1888 el economista francés Pierre Paul Leroy- Beaulieu calculó que un 12-13% del PIB era el límite sostenible para un Estado moderno. En 1960 ese límite se elevó al 28%. Y los siguientes 25 años trajeron otro aumento debido a las transferencias y pagos a los pobres, pero también a la clase media.

En los años 90 muchos pensaban que el capitalismo iba a parar el crecimiento del Estado; esa fue la década en la que Bill Clinton y otros declararon el fin del Estado grande. Mientras que para la Europa Continental el tamaño del Estado en la economía era ya muy elevado y no creció. Por el contrario, sí aumentó considerablemente en Estados Unidos (con Bush) y Reino Unido.

No obstante, el gasto público no es la única forma de medir el poder del Estado. Un cuerpo regulatorio grande puede ser igual de costoso para una economía que un Estado con un presupuesto elevado. Durante los mandatos de Bush, cada año la legislación federal aumentaba en unas 1.000 páginas.

El papel del Estado sobre el sector empresarial también ha cambiado. Si en los años 90 la privatización era la solución, ahora muchos bancos son controlados por el Estado, mientras que las empresas públicas de los países emergentes surgen como campeones industriales.

La próxima batalla

Tanto en EEUU como en el Reino Unido o Alemania, el sector privado está reaccionando contra el aumento del Estado y de los beneficios de los que goza el sector público a cargo de sus impuestos. No obstante, todo esto no será suficiente para reducir el tamaño del Estado. En el Reino Unido, probablemente se logre volver al tamaño del Estado del año 2008, mientras que los republicanos estadounidenses no han recortado ni los gastos de defensa ni los programas como Medicare, Medicaid o la Seguridad Social.

Hay muchas teorías económicas que también estiman que el tamaño del estado seguirá aumentando, desde que Adolph Wagner relacionó su crecimiento con la industrialización del siglo XIX. El envejecimiento de la población hace que se necesiten más servicios sanitarios. Y mejorar el sistema educativo significa aumentar el número de años de estudio, reducir el número de alumnos por clase o aumentar las actividades extraescolares. Es decir, más gasto.

Sin embargo, esto no significa que es inevitable que el gasto público aumente. Canadá o Suecia han sido capaces de reducirlo cuando ha sido necesario. Además, algunos gobiernos son más eficientes que otros y se puede aumentar la eficiencia copiando las buenas prácticas de los gobiernos más prácticos.

Este informe se basa en la reorganización y las reformas del sector público, así como en la reducción del gasto público a través de las transferencias sociales (prestaciones inicialmente dirigidas a los pobres que han pasado a ser privilegios de la clase media).

Razones para el cambio

A nivel personal, como observa Geoff Mulgan, el bienestar de una persona depende más de la calidad del Estado en el que vive que de los recursos naturales, la cultura o religión.

Para la actividad económica, el Estado puede marcar una gran diferencia. Si éste representa la mitad de la economía de un país, cualquier mejora en su funcionamiento crea mejores condiciones de crecimiento. Aunque el gobierno cueste lo mismo, al producir más (trabajadores mejor formados, un sistema sanitario decente, carreteras sin baches, una regulación más sencilla) tendrá un importante efecto sobre la productividad del sector privado.

Para la sociedad el debate sobre el Estado es importante, ya que se está cuestionando el liberalismo. El reto para las democracias occidentales se presenta siempre como uno que tiene que ver con la transparencia y la buena gestión. En realidad el actual reto es la eficiencia.

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