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La minoría de la minería (3/3) : ELADIO GARCÍA

Ninguna industria existe por siempre jamás. El mundo está evolucionando constantemente, la sociedad progresa cada vez más rápido, las naciones pasan de una economía de subsistencia a una economía tecnológica o de servicios, de una economía del carbón a otra más limpia y eficaz.

Al final todos saldremos perdiendo; habremos pagado un precio inútil.

Los únicos que salen ganando son aquellos privilegiados a los que se les ha concedido la protección. Si favorecemos industrias que no ofrecen ninguna rentabilidad, si invertimos el dinero en una explotación que solo produce perdidas, con las disculpas peregrinas de que las empresas son nuestras o que las fabrican producen un artículo esencial, al final deberemos mucho más de lo que podemos pagar, nuestros acreedores dejaran de confiar en nosotros, y estaremos abocados a la pobreza más absoluta.

Una empresa que funciona bien debe ofrecer un producto que aporte bienestar a las personas, que son las que mantienen esa empresa con el dinero que le dan al comprar sus productos. No importa de donde venga ese producto (si es de nuestro país o de un país extranjero) o cuán importante sea. Es más, cuanto más esencial sea el producto menos importa de donde venga, siempre y cuando sea mejor y más barato.

Lo único que tiene que hacer una empresa es distribuir sus artículos de forma pacífica. Si los trabajadores de una empresa acusan al gobierno de inmovilidad, reclaman que haga algo, levantan barricadas, o prenden neumáticos, demuestran que no son capaces de sobrevivir por sí mismos, que no ofrecen un producto que la gente quiera, y que solo pueden recurrir a la violencia para obligarnos a todos a consumir su mercancía.

Algunos columnistas intentan demostrar mediante guarismos y multitud de datos que la industria del carbón ya no es una industria rentable. Pero solo basta ver cómo se comportan los trabajadores y los empresarios de esos sectores. Los mineros defienden a capa y espada la rentabilidad del carbón que extraen en las minas donde trabajan. Pero les delatan sus acciones. Si el carbón fuera realmente rentable no exigirían ninguna ayuda estatal ni emprenderían luchas callejeras. Yo nunca he visto que el BBVA haga lo mismo.

Ninguna industria existe por siempre jamás. El mundo está evolucionando constantemente, la sociedad progresa cada vez más rápido, las naciones pasan de una economía de subsistencia a una economía tecnológica o de servicios, de una economía del carbón a otra más limpia y eficaz.

La clave de esta evolución está en aceptar los cambios, aprender a reciclarse, exigir una formación continua, cambiar de trabajo si hace falta, para adaptarse a las necesidades que reclaman los nuevos clientes. Si queremos conservar el mismo puesto de trabajo toda la vida, lo que tenemos que reconocer es que queremos obligar a los clientes, es decir, a todos los ciudadanos, a consumir permanentemente el producto que nosotros les digamos.

Esta es la característica principal de todos los totalitarismos: un pequeño grupo de personas coaccionan a una mayoría. Los mineros que pretenden seguir viviendo en su comarca, extrayendo carbón, a pesar de que ya no pueden venderlo si no es obligando a que todos lo compremos, se comportan de forma totalitaria, igual que hacían los Estados señoriales de antaño, manteniendo sus feudos. No son las víctimas de ninguna coerción. Forman parte del problema: son los opresores. Solo son víctimas de su propia iniquidad.

Cualquier grupo privilegiado, junto con todos los líderes y gerifaltes que promueven esos privilegios, acaban siendo víctimas de su propia estupidez, de sus incoherencias y sus falsedades. La Unión Soviética, el mayor experimento marxista de la historia, sufrió una implosión como consecuencia de las iniquidades que cometían los lideres que gobernaban esa dictadura. Las numerosas regalías con las que contaban los sátrapas, y las concesiones a una ideología errónea, propiciaron el desmoronamiento de todo el régimen. Las democracias actuales, basadas en el supuesto beneficio de la subvención, constituyen otro tipo de privilegio nefasto, da igual que se privilegie el carbón o a cualquier otra industria.

La subvención siempre crea un problema gravísimo, y al final todos lo terminan pagando, incluso aquellos que lo estuvieron fomentando: el parasito jamás sobrevive a su hospedador. Si un sector recibe una subvención es porque no puede subsistir por sí mismo; no es rentable. Esto es una verdad de perogrullo. A partir de esta premisa podemos deducir toda otra serie de certezas.

El propósito de la subvención es mantener y engordar una industria que al final tendrá que fracasar, cuando sea el propio gobierno el que quiebre, después de gastar todo el presupuesto en una empresa inútil. Además, se hace creer a la gente que hay futuro cuando en realidad no es verdad. Se desplazan recursos humanos y monetarios hacia un sector improductivo, impidiendo el desarrollo de otros sectores que sí serian rentables. Y cuando este sector fracasa, miles de trabajadores que han invertido su esfuerzo y su inteligencia en desempeñar esos trabajos, se quedan sin empleo y sin saber qué hacer. Lo que está pasando hoy, la crisis en la que estamos inmersos, es el resultado de todas estas imprudencias, que a su vez derivan de las subvenciones.

Las subvenciones condenan a la gente a una vida de subalternos y destruyen su futuro, aunque a corto plazo parezca lo contrario. Mineros, si queréis un futuro para vuestros hijos no hacéis bien en pedir subvenciones. Esto solo alargará la enfermedad. Debéis permitid que vuestros hijos busquen un trabajo productivo que no esté subvencionado, un trabajo real, demandado, que no haya que mantenerlo artificialmente. No mantengáis al enfermo por más tiempo. Dejad que muera tranquilo y no insistáis en curar una dolencia que es mortal.

Las crisis económicas y las burbujas bursátiles son el resultado de una creencia cerril e ilusiva, cuando todos confían infundadamente en una industria o sector, invierten e intervienen en él, y al final resulta que es un sector innecesario. Fue innecesario construir tantos pisos. El Estado se endeudó para subvencionar la construcción de aeropuertos, vías de AVE, edificaciones megalómanas, se bajaron los tipos de interés para facilitar el crédito y proseguir con esas subvenciones, y a consecuencia de todo esto ahora sufrimos una crisis sistémica. Mineros, vuestras peticiones insisten en agravar el mismo problema. Con ello alimentáis esa crisis. No insistáis. Buscad sectores productivos para que el día de mañana vuestros hijos no queden supeditados al Estado y sean absolutamente independientes y libres.

La dependencia del Estado en forma de subvención es un tipo de servidumbre. No lo permitáis. No reclaméis más subvenciones ni más servidumbres. El dinero que da el Estado lo obtiene mediante impuestos que grava a aquellos que producen el parné (no podría ser de otra forma). Y lo cede luego en forma de ayudas a aquellos que no producen nada rentable. Esto provoca que al final toda la nación se venga abajo, ya que dejamos el dinero en manos de personas que no saben sacarle partido, y se lo quitamos a los que sí saben obtenerlo. Mineros, no deberíais permitid que vuestros hijos vivan en una nación paupérrima, donde no exista ya ningún futuro porque se habrán esquilmado todos los recursos lucrativos.

Es comprensible que la gente luche para mantener su trabajo. Pero no os dejéis engañar. La ayuda del Estado no es la solución. La solución es que encontréis vosotros mismos un trabajo productivo, y que enseñéis a vuestros hijos, no a reclamar al Estado una servidumbre, no a mantener una posición genuflexa y ovejuna, sino a ser personas libres y autónomas, deseosas de emprender negocios que ofrezcan beneficios, capaces, productivas, serviciales, independientes…, y realizadas.

Eladio García

helades2001@hotmail.com

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3 comentarios el “La minoría de la minería (3/3) : ELADIO GARCÍA

  1. La economia siempre progresa, la tecnologia siempre avanza, los pisos nunca bajan…

  2. [...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Carbón: La dependencia del Estado en forma de subvención es un tipo de servidumbre liberalismoonline.wordpress.com/2012/09/02/la-minoria-de-…  por landaburu hace [...]

  3. “La dependencia del Estado en forma de subvención es un tipo de servidumbre”.

    ¡¡GENIAL!!

    ¡Fuera el Estado de toda sociedad! El estado sólo hace esclavos para que sean libres quienes lo dirigen!.

    Pablo el herrero

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