“Mientras no seamos capaces de alcanzar una simbiosis más cooperativa entre estado y ciudadanía, será muy difícil que el sistema se vuelva realmente operativo y razonable.”
Muchas cosas tienen que cambiar en la relación del estado con la sociedad. La separación que existe entre esta institución y la ciudadanía es insostenible si queremos que las cosas, de una vez por todas, funcionen medianamente bien.
Los ciudadanos no vemos en el estado una institución creada para mejorar nuestras condiciones de vida, es un ente distante y, en la mayoría de los casos, la relación se ciñe a un juego de fiscalización y exigencias; el estado nos vigila, fiscaliza y en última instancia persigue a los defraudadores y por otro lado, los ciudadanos le exigimos unas prestaciones que consideramos, con el paso del tiempo, como derechos adquiridos irrenunciables sin que nos importe mucho de donde procedan los recursos para sostener todo el tinglado.
Es una relación viciada y llena de desconfianza por ambas partes. Mientras no seamos capaces de alcanzar una simbiosis más cooperativa entre estado y ciudadanía, será muy difícil que el sistema se vuelva realmente operativo y razonable. Para ello es necesario que la sociedad se identifique con sus instituciones y eso, solo será posible, si éstas dejan de estar en manos de organizaciones políticas al uso. La gestión politizada e ideologizada de los recursos públicos convierte a las instituciones en instrumentos en manos de determinados grupos sociales, lo cual, como es lógico, acarrea la desconfianza del resto de ciudadanos disconformes o contrarios a la ideología mayoritaria del momento.
Por otra parte, la dejadez y la falta de interés por los asuntos públicos de la mayoría de la población, son la causa, en parte, de que determinados grupos políticos o partidos hayan aprovechado el vacío para apoderarse de las propias instituciones y hacer, nunca mejor dicho, un uso partidista de ellas.
Solo desde un planteamiento cooperativo entre ciudadanía e instituciones será posible mejorar el sistema político. La cuestión no es fiscalizar a los ciudadanos desde el estado y usar los poderes coactivos para hacer cumplir las leyes, la piedra angular es hacer nuestras las herramientas institucionales, entender que la cooperación entre todos es la única vía que puede hacer operativo y eficaz el sistema. Para ello es necesario un cambio en la percepción que tiene la sociedad del estado y por supuesto, un cambio todavía mayor en la gestión de los recursos públicos. Una gestión más transparente y democrática que recaiga cada vez más en el ámbito de la participación social y menos en manos de los partidos políticos.
Una de las posibilidades que se atisban, es la creación de gestoras ciudadanas que se presenten a las elecciones (sobre todo en el ámbito municipal). Ya no son afiliados y simpatizantes de partidos políticos los únicos que se presentarían a las elecciones aprovechando la indiferencia de la ciudadanía, ahora son ciudadanos interesados en la gobernación de sus pueblos y ciudades los que se organizan, más allá de ideologías y partidismos, con la intención de decidir de una forma práctica cómo se deben gastar los recursos y cuales son las prioridades que hay que atender primero. Estas gestoras deben funcionar independientemente de las organizaciones políticas, cuya única aportación debe ser, la de ayudar a organizarse y dar cobertura legal a esas gestoras ciudadanas. En este sentido es interesante leer la propuesta que desde un partido liberal solidario (PRDE) se ha hecho para este fin y cuyo enlace dejo para los curiosos e interesados.
GESTORAS CIUDADANAS
http://www.prde.es/actualidad/141–gestoras-ciudadanas
Juan José Molina
Colaborador de Liberalismoonline
